A partir de los 65 años hay que fortalecer piernas, revisar el calzado y adaptar la casa

Las caídas no se ven solo como un accidente, sino como un marcador de salud sobre el cual se puede intervenir de forma muy efectiva. Según las estadísticas, a partir de los 65 años comienza la pérdida gradual de masa muscular, hay cambios en la visión y el efecto acumulativo de medicamentos ponen al organismo en un estado más sensible.

Con ese rango identificado (la Organización Mundial de la Salud indicó que el 30% de esa población sufre al menos una caída al año) esa edad es ideal para la prevención activa que evitará, o al menos mitigará, el ingreso a ese ciclo. Es mucho más fácil mantener el equilibrio y la fuerza, que intentar recuperarlos años después. Prevenir caídas es, en esencia, proteger la autonomía y la independencia a largo plazo.

No importa por donde se empiece a escanear el cuerpo, lo fundamental es el momento. Con eso establecido (los 65 años) hay que mantener la nutrición y densidad ósea. Mantener niveles óptimos de vitamina D y calcio ayuda a que los huesos sean más resistentes ante una posible fractura.

¿Qué puede tener que ver tomar agua con no caer? La deshidratación leve causa confusión o mareos repentinos al levantarse de una silla y provoca el desequilibrio peligroso que lleve a la persona hasta el suelo. Caminar es siempre excelente, pero variar, si se quiere evitar las caídas, el ritmo y las superficies ayuda a entrenar los reflejos.

La fuerza es otro factor importante. No se trata de levantar grandes pesos, sino de fortalecer cuádriceps y tobillos. La fuerza en las piernas es el factor número uno para evitar que un traspié termine con alguien en el suelo. Una mala percepción de la profundidad o problemas de equilibrio relacionados con el oído interno o la visión son causas frecuentes también.

A partir de los 65 años hay que fortalecer piernas, revisar el calzado y adaptar la casa

La Gaceta de Tucumán (San Miguel de Tucumán)